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Salario Emocional y Trabajo Social

Introducción

La labor del Trabajador Social en organizaciones empresariales no es algo nuevo, tuvo su boom a raíz del auge industrial en nuestro país, década de los 60, con el objeto de responder a una incipiente Acción Social Empresarial, que se plasmaba en ayudas económicas para las personas trabajadoras, tales como: ayudas por nupcialidad/natalidad, ayudas de estudios para los hijos y otras. Estas ayudas quedaban garantizadas al incluirse en los convenios colectivos, viniendo a ser un campo en el que la figura de la Trabajadora Social (en ese momento la mayoría mujeres), se estimaba como la profesional competente para su gestión. Esta figura comenzó a decaer sobre los años 90, por jubilación de las propias profesionales, con una amortización progresiva de puestos de trabajo.

 

En los años transcurridos, con la evolución de los mercados y la aparición de nuevos conceptos y objetivos empresariales, donde la función social de la Empresa toma un lugar relevante, apoyado en la Responsabilidad Social Corporativa, se ha modificado el modelo empresarial tradicional, pasando a uno más innovador, en el que se integran medidas de conciliación de la vida personal y laboral, planes de igualdad y protocolos de acoso laboral, entre otros. 

 

Acciones y mejoras

Todo ello ha venido a dar un empuje a esa Acción Social Empresarial preexistente, que centra ahora sus objetivos en la consecución de dosis de bienestar social y laboral de las personas trabajadoras que forman sus plantillas y que se plasma en la articulación de una serie de acciones y mejoras para conseguir dicho objetivo, entre ellas:

 

-PLANES DE PROMOCIÓN LABORAL.

-MEDIDAS DE CONCILIACIÓN.

-FLEXIBILIDAD LABORAL.

-RECONOCIMIENTO LABORAL.

-PROGRAMAS DE CAPACITACIÓN.

-BENEFICIOS SOCIALES.

 

Estas medidas están indudablemente asociadas con la retribución, aunque no suponen un emolumento de tipo económico, siendo su finalidad satisfacer necesidades personales, familiares y profesionales. Es lo que se viene denominando “SALARIO EMOCIONAL”, un término muy en boga en la espera empresarial y que, como bien recoge la Asociación Española para la Calidad:

 

– Está asociado a la retribución.

– Incluye cuestiones de carácter no económico.

– Su finalidad es satisfacer necesidades personales, familiares y profesionales.

– Supone una mejora en la calidad de vida.

– Fomenta la conciliación laboral.

 

Su propio término recoge dos conceptos importantes: SALARIO (emolumento puramente económico) y EMOCIÓN (respuesta a estímulos), lo que nos permite deducir que una vez garantizado el primero, el segundo puede generar una mayor implicación en el desempeño del trabajo, al proporcionar estímulos a través de ganancias apreciadas socialmente. Puede ser por tanto “la clave” que marque la diferencia para la fidelización del puesto de trabajo. 

 

Beneficios

Sus BENEFICIOS están contrastados por múltiples estudios, entre ellos destacamos: 

 

-MEJORA DEL CLIMA LABORAL.

-MAYOR IMPLICACIÓN DE LAS PERSONAS TRABAJADORAS.

-AUMENTO DE LA PRODUCTIVIDAD.

-REDUCCIÓN DEL ABSENTISMO.

 

No obstante, es importante señalar que NO debe sustituir al salario económico, el cual debe estar garantizado, sino que debe acompañarlo.

 

El Trabajador/a Social dentro de la Empresa

En este escenario empresarial, la labor del Trabajador/a Social dentro de la Empresa resulta fundamental desde nuestro punto de vista, en cuanto su misión es la de ofrecer asesoramiento profesional en las dificultades personales que puedan plantear las personas trabajadoras, realizando una intervención profesional acorde a las necesidades planteadas, desde una posición de apoyo y ayuda, con el objetivo de conseguir mejorar el  bienestar social y laboral de las personas.

 

El Trabajador/a Social de Empresa es también desde nuestro punto de vista partícipe y facilitador de la conciliación, en cuanto conoce las circunstancias sociales de las personas trabajadoras y puede proponer las medidas que mejor se adecuen a las necesidades detectadas, sin que se ocasione un perjuicio para la Empresa.

 

Esta labor se realiza apoyada en el Código Deontológico que rige nuestra profesión y que garantiza la profesionalidad, la atención personalizada, especializada, integral, respetuosa y sujeta al secreto profesional.

 

Dada su labor y misión, debe estar encuadrado en el Área de Recursos Humanos, coordinando su labor con otros técnicos de dicha Área, así como de otras relacionadas, como es el Área de Prevención, o las propias Secciones Sindicales, aportando siempre valor social en las actuaciones en las que se interactúa a nivel profesional.

 

Como profesional especializado en el ámbito laboral e integrado en la vida de la Empresa, efectúa a la par una labor de Asesoramiento hacia la Empresa, aportando valor social y proponiendo medidas que puedan mejorar la vida personal y laboral de las personas trabajadoras.

 

Podemos así concluir, que la labor del Trabajador/a Social dentro de las empresas, es parte  proveedora sin duda alguna de “Salario Emocional”, resultando un profesional altamente valorado dentro de ellas.

 

Firma Quattro y las organizaciones empresariales

Desde Firma Quattro, siempre hemos considerado la organización empresarial como un campo de intervención necesario, entendiendo que el Trabajador/a Social es una figura imprescindible, en cuanto las empresas están formadas por personas, que aparte de ejercer su puesto de trabajo, tienen una vida personal y familiar que compatibilizar y cuyas dificultades no pueden separar ni dejar atrás cuando acuden a su puesto de trabajo. 

 

En esta línea, seguimos avanzando y defendiendo este importante espacio profesional, consiguiendo que las Empresas vean la necesidad de contar con un Trabajador/a Social de nuestro Equipo, que como profesional externo preste servicios en las propias instalaciones de la Empresa y que, con su intervención profesional, contribuya a la provisión de este “Salario Emocional”.

 

Encarna María Ruiz Montesinos

Trabajadora Social

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